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lunes, abril 21, 2008

Luna

Debido a varias razones, durante los últimos meses no he podido pasar todo el tiempo que quisiera con mi hija. Por fortuna, todo se alineó para que este fin de semana (en que precisamente mi hija cumplió un año y 10 meses de edad) tuviera el tiempo que ella se merece.

Después de acompañarla en sus juegos, en sus programas infantiles y de correr de un lado para otro; y después de que ella me acompañara al banco, al súper, a pagar los servicios de la casa y demás cosas; llegó el domingo por la noche.

Antes de cenar, salimos a caminar un poco, no muy lejos porque ambos ya estábamos cansados. Y fue en ese momento que ocurrió, una de esas conversaciones que sólo puedes tener con los más pequeños. Que lo menos que hacen es maravillarte con la inocencia, pureza, emoción y felicidad que tenemos cuando estamos empezando a descubrir el mundo, y que inevitablemente (y tristemente) perdemos conforme crecemos.

- Mira Évelyn, la Luna - Ella volteó al cenit y movió su cabeza rápidamente de un lado a otro, sin darse cuenta que yo estaba señalando la Luna con mi mano - Allá nena. Mira, allá está la Luna.
- ¡Ah! ¡Que bonita! - Fue la expresión de asombro, mientras hacía su sonrisa de felicidad al ver la Luna llena que se elevaba sobre el horizonte.
- ¿Te gusta la Luna Évelyn?
- ¡Sí! - Casi gritando de gusto. Nunca me imaginé lo que me diría después, en cierta forma me hizo recordar lo que fui de niño y que no supe cuándo ni cómo perdí. Su tono de voz cambió de euforia al tono que hace cuando va a pedir algo. - ¿Vamos a Luna?

Algunas veces los niños nos asombran con su rápido crecimiento, otras veces, nos gustaría que no lo hicieran o que al menos nunca perdieran esa chispa que sólo puede brotar del corazón de los más pequeños.

¿Cómo le contestas a tu hija que si pudieras, claro que la llevarías a la Luna? ¿Cómo le contestas sin mentirle y sin romper sus ilusiones?

- Si nena, vamos a la Luna, pero primero vamos con mamá a cenar.
- ¡Sí!

Hoy por la mañana, cuando salíamos de la casa para ir a la guardería, la Luna se estaba ocultando tras el Cerro de las Mitras. Evelyn no tardó un segundo en recordarme la promesa que le hice.

- Mira, Luna. !Qué bonita! ¿Vamos?

miércoles, diciembre 26, 2007

Navidad 2007

Si bien conforme crecemos vamos perdiendo el gusto y la magia del espíritu navideño. De vez en cuando somos afortunados para pasar estas festividades cerca de algún niño.


Es decir, a final de cuentas, podemos decir que la Navidad no es mas que un pretexto para olvidarnos de lo injusta que puede ser la vida. Así dure una semana, una noche, o un instante; regresar a lo básico bien lo vale.


Y ¿qué mejor que la sonrisa de un niño para hacerte recordar y para hacerte olvidar?. Supongo que lo único mejor es que sea sonrisa de una niña, y que esa niña sea tu hija.



En cierta forma, durante el año y medio que tengo la fortuna de ser padre, he aprendido más cosas de la infancia de las que aprendí durante el resto de mi vida.



De alguna manera, hay cierto encanto en tener un regalo navideño para tus padres y para cada uno de tus hermanos. Pasan 10 años, y te das cuenta que realmente la magia está en los más pequeños, pues sin ellos, realmente no valdría la pena.

miércoles, diciembre 27, 2006

Espíritu...

Sabes que el Xig promedio tiene problemas cuando escribe sobre las festividades de fin de año. A final de cuentas, quien puede ignorar la descarga de información que llega en estos tiempos por todos y cada uno de los sentidos, en estas épocas sabemos como: se ve la Navidad, a qué huele, a qué sabe, su textura, sus sonidos... tampoco hay que olvidar el sentido religioso, con las posadas y los 'villancitos'. Ni el sentido del consumismo, con toda la derrama económica que implica.

A final de cuentas, no importa cuánto intentes ignorar el espíritu navideño, llegará un día en que simplemente no podrás evitar tomar una foto que capture lo rescatable del momento.



Una vez que todo termina, cuando realmente descubres lo que estás buscando, te das cuenta del verdadero significado de ese tan trillado espíritu navideño. Y lo mejor de todo, es que no tienes que esperar al siguiente diciembre para volverlo a tener.